Robar a un mendigo

DM PRANKS ha realizado lo que llaman un experimento sociológico. Un hombre disfrazado de mendigo duerme tirado en el suelo junto a un cartón en el que puede leerse: ¡Ayúdenme. Tengo hambre! También se dejan a modo de señuelo varias monedas y un billete de 100€, supuesto fruto de su mendicidad. Y a ver qué pasa. A ver quién es capaz de robar a un mendigo.

Tras dos horas y cuarenta minutos, habiendo pasado junto al mendigo 54 personas, sólo un niñato es capaz de robar al mendigo el billete de 100€. El resto pasa indiferente o deja una limosna, incluso una chica le advierte del billete para que lo guarde.

Si el experimento se realizase en Madrid, ya podía darse por jodido el indigente. La alcaldesa le quitaría los 100€ y le reclamaría otros 600€ más.

Parece que salvo políticos y algún otro desalmado, nadie es capaz de robar a un mendigo. La cosa cambia cuando de lo que se trata es de ayudarle.

Otro experimento consiste en comprobar cómo reaccionamos si vemos caerse a un mendigo o a un ejecutivo. En este caso las apariencias son decisivas, la solidaridad es para con el ejecutivo y el desprecio más absoluto para el mendigo, salvo honrosas excepciones. No nos damos cuenta que los que pueden convertirnos en quienes despreciamos, son aquellos a los que ayudamos.

Que les corten la cabeza

Artículo de Juan José Millás en El País Semanal: Que les corten la cabeza.

mendigaFoto de El País

He aquí las manos de una mendiga, el vaso de pedir de una mendiga, he aquí los seis céntimos que ha recaudado y por los que Ana Botella, alcaldesa de Madrid gracias a las influencias familiares, podría ponerle 750 euros de multa. La mendiga, María, de más de ochenta años, no ha visto 750 euros juntos jamás. Es como pedirle el páncreas a una pulga o el intestino delgado a una rosa. No pueden, no lo tienen. Ana Botella tiene páncreas e intestino delgado, pero no tiene corazón. Los ciudadanos de Madrid, en cambio, tenemos que tener mucho estómago para soportar los ataques de importancia de esta mujer, que cada vez que se carda el pelo se le remueven las neuronas y le salen una o dos ideas.

–Mónteme unos Juegos Olímpicos. Háganme un discurso idiota en inglés. Contrátenme a un profesor de declamación. Todo contra el erario.

Y como le dicen que sí a todo, porque es la señora de quien es la señora, se va creciendo, o decreciendo, según se mire, y ahora acaba de escoger de modelo a la Reina Roja de Alicia en el país de las maravillas.

–Que les corten la cabeza.

–¿A quién, alteza?

–A los mendigos de Madrid.

A Ana Botella se le ha quedado pequeño el Código Penal, de ahí que tenga que recurrir a las ordenanzas municipales, un instrumento de convivencia, dice ella soplándose la laca de las uñas. Bueno, la verdad es que no desentona con el conjunto gubernamental. El presidente de la Comunidad, Ignacio González, gobierna también sin haber sido elegido, y tiene un consejero de Sanidad, el tal Lasquetty, cuyas decisiones matan más que el tabaco.

La ciudad que quiso ser Olímpica

BXbAS4dCEAA9z3Q.jpg largeFuente de la imagen

En Madrid, la ciudad que quiso ser Olímpica, mejor dicho, la ciudad que unos incompetentes, derrocahadores e insensibles politicuchos quisieron hacer Olímpica, es habitual ver escenas como la de la imagen: personas sin hogar ni recursos durmiendo en túneles, en parques y plazas de toda la ciudad; incluso un lugar tan emblemático de la ciudad como es La Plaza Mayor, en el que la puta alcaldesa recomendaba tomarse un relaxing café con leche, sus soportales sirven de dormitorio a numerosos indigentes.

También es habitual en Madrid encontrarse a gente rebuscando en los contenedores de basura, especialmente en los de Mercados, Supermercados y tiendas de alimentación, para conseguir algo que llevarse a la boca, aun a riesgo de ser multados con 750€.

Sin embargo, el fracaso político es no haber logrado para Madrid los JJOO de 2020.

Jaulas para indigentes

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Meter a los indigentes en jaulas para que no molesten parece una idea propia de Cospedal, Rajoy o cualquier otra mente perturbada de las muchas del PP. Pero no, al menos de momento. La ocurrencia ha sido llevada a cabo por las autoridades de una importante e histórica ciudad china, Nanchang.

En la ciudad se celebra un festival religioso, algo ya de por sí curioso, durante el cual son muchos los que acuden de visita a los templos de la ciudad, tiempo que es aprovechado por numerosos indigentes para conseguir alguna limosna, lo que resulta muy molesto para los visitantes que se sienten acosados.

china-fabrican-jaulas-para-encerrar1Combatir la pobreza matando mendigos es algo cruel. Más humana es la solución encontrada por las autoridades de Nanchang: encerrar a los indigentes en jaulas, una especie de zoológico donde exhibirlos pero sin que molesten; además se les puede echar comida y dinero. ¡Qué más quieren! Aquel que no acepte estar encerrado, se le expulsa de la ciudad y punto.

¡Cuánto tiene que aprender el PP sobre políticas sociales!

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