Isabel Carrasco, campaña electoral y la poca vergüenza de Ana Botella

Ana Botella, alcaldesa legal por designación de Madrid, que no legítima ni electa, ha demostrado sobradamente su incompetencia para el cargo, su estulticia, su ausencia del sentido del ridículo y su poca vergüenza. Con motivo de la muerte de Isabel Carrasco, ha desaprovechado una vez más la ocasión de mantener la boca cerrada o abrirla lo estrictamente necesario.

A la nefanda alcaldesa, como homenaje a su correligionaria recién asesinada, no le bastaba con decir algo emotivo en su recuerdo. No. Ella tenía que ir más allá. Tenía que ser precisamente ella la que reprochara a Bildu, BNG y Podemos, que no suspendieran la campaña electoral tras el suceso de León. Ella, quién nada más producirse la tragedia del Madrid Arena que costó la vida a cinco jóvenes, no sólo no dimitió, sino que se fue a un Spa de lujocelebrarlo, gesto equiparable al reciente protagonizado por los concejales del Ayuntamiento de Toledo.

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La muerte de Isabel Carrasco ha sido el asesinato de una política, no un crimen político, por lo que el duelo es cosa de familiares, amigos, allegados y, si acaso, del partido al que pertenecía. Un partido corrupto cuyos miembros dirimen sus diferencias al estilo de la Camorra, a tiros.

En la inauguración de las Fiestas de San Isidro guardó la alcaldesa un minuto de silencio en memoria de la asesinada. Acostúmbrese a mantener la boca cerrada y guarde silencio para siempre Sra. Botella.

Tras el asesinato de Isabel Carrasco, Interior investiga los comentarios injuriosos

Jorge Fernández Díaz, ministro del Interior, ha ordenado a la Policía investigar los mensajes injuriosos vertidos en las redes sociales contra Isabel Carrasco tras haber sido asesinada.

“Hay que limpiar las redes de indeseables”, dice el ministro. Curioso que el responsable de Interior priorice la caza y captura de autores de comentarios políticamente incorrectos y/o groseros, antes que la de los indeseables que campan a sus anchas por despachos, instituciones, en el Gobierno, en el partido que lo sustenta y, en general, en la política.

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En el asesinato de Isabel Carrasco, indeseable es la que apretó el gatillo por un ajuste de cuentas. Indeseable también es la propia víctima por su forma de entender la política y ejercer el poder. Twitter o Facebook no han matado a Isabel Carrasco.

Se tenía que preguntar el ministro por qué semejante reacción de la ciudadanía ante un suceso tan trágico. Por qué a muchos es indiferente el asesinato de un político, a muchos otros no nos causa ningún pesar y otros muchos lo celebran. La respuesta es sencilla: porque estamos hartos de indeseables que nos están llevando al abismo.

¿Dónde está legislado que ante la muerte de alguien sea obligatorio mostrar rabia, pena o dolor? ¿Dónde está escrita la prohibición de alegrarse de la desgracia ajena, por mezquino que pueda parecer, si uno no ha hecho nada para propiciarla?

En la misma línea que el ministro del Interior, el sindicato policial UFP (Unión Federal de Policía) solicita que se regule el uso de las redes sociales para evitar que se viertan injurias y calumnias y se ejerza “violencia en masa”, como en su opinión ocurrió ayer tras el asesinato de la presidenta de la Diputación de León, Isabel Carrasco.

Violencia es la que emplean las Fuerzas de Seguridad del Estado contra los que legítimamente se manifiestan y protestan en defensa de sus derechos pisoteados. Violencia son los desahucios. Violencia es regalar dinero a los bancos. Violencia son las retribuciones e indemnizaciones millonarias de ejecutivos de empresas públicas a la vez que se suspenden ayudas sociales. Violencia es recortar en Sanidad. Violencia es acumular cargos y sueldos públicos. Violencia es legislar contra la mujer. Violencia es restringir el acceso a la Justicia. Violencia es la corrupción generalizada.

Lo demás son gilipolleces.

Toma del frasco, Carrasco

Isabel Carrasco, presidenta de la Diputación de León, presidenta provincial del PP leonés, concejala del Ayuntamiento de León, y otros cargos más, ha sido asesinada a tiros en León. Y no es lo que parecía, es peor.

Isabel Carrasco

Isabel Carrasco era para una víctima de la política del PP, lo mismo que para éste un negro en la nieve: un blanco perfecto. Sin embargo no ha sido un extremista de izquierda el que ha apretado el gatillo, como en un principio algún plumilla a sueldo se apresuró a publicar; ni un indignado dando el siguiente paso a un escrache (Isabel San Sebastián); tampoco un radical alentado por Wyoming (Hermann tertsch). Las asesinas han sido dos mujeres, madre e hija; una autora material y otra cómplice; ambas militantes del PP; esposa e hija, respectivamente, del inspector jefe de la Policía Nacional en Astorga. Los tres con una buena relación personal con la víctima hasta que, no sé si sabremos el verdadero motivo algún día, en un acto de venganza personal, las mujeres ajusticiaron a la napolitana a la política.

A muchos no nos hubiera sorprendido que Isabel Carrasco hubiera sido víctima de alguien desesperado sin nada más que perder, que en vez de o antes de suicidarse, decidiera tomarse la justicia por su mano, ya que la de la venda y la balanza no le ampara.

Sin embargo ha sido un ajuste de cuentas entre miembros del PP, lo que faltaba para confirmar lo que este partido es: un grupo mafioso.

No aplaudo el asesinato, pero tampoco lo lamento. Isabel Carrasco era uno de los muchos ejemplos actuales de político deleznable, prescindible y pernicioso. Déspota, caciquil, corrupta y garrapata del Sector Público –el que los ultra neoliberales como ella adelgazan para los ciudadanos, pero con el que ellos engordan mórbidamente-. Acumulaba sueldos, cargos y poder que utilizaba en beneficio propio y de los suyos. Despreciaba al ciudadano, a la prensa que no escribía al dictado y a la oposición, como marca el libro de estilo del PP.

No aplaudo el asesinato porque nadie se merece morir así. Tampoco lo lamento, porque no nos merecemos políticos así.

Fuera del PP, todos somos ETA según los populares, pero resulta que los terroristas están dentro. Toma del frasco Carrasco.

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