Robar a un mendigo

DM PRANKS ha realizado lo que llaman un experimento sociológico. Un hombre disfrazado de mendigo duerme tirado en el suelo junto a un cartón en el que puede leerse: ¡Ayúdenme. Tengo hambre! También se dejan a modo de señuelo varias monedas y un billete de 100€, supuesto fruto de su mendicidad. Y a ver qué pasa. A ver quién es capaz de robar a un mendigo.

Tras dos horas y cuarenta minutos, habiendo pasado junto al mendigo 54 personas, sólo un niñato es capaz de robar al mendigo el billete de 100€. El resto pasa indiferente o deja una limosna, incluso una chica le advierte del billete para que lo guarde.

Si el experimento se realizase en Madrid, ya podía darse por jodido el indigente. La alcaldesa le quitaría los 100€ y le reclamaría otros 600€ más.

Parece que salvo políticos y algún otro desalmado, nadie es capaz de robar a un mendigo. La cosa cambia cuando de lo que se trata es de ayudarle.

Otro experimento consiste en comprobar cómo reaccionamos si vemos caerse a un mendigo o a un ejecutivo. En este caso las apariencias son decisivas, la solidaridad es para con el ejecutivo y el desprecio más absoluto para el mendigo, salvo honrosas excepciones. No nos damos cuenta que los que pueden convertirnos en quienes despreciamos, son aquellos a los que ayudamos.

William Kamkwamba, el chico de los molinos de viento

william_kamkwamba_windmill-02

William Kamkwamba es de Malawi, uno de los países más pobres del mundo. Por el año 2001  era un muchacho de 14 años perteneciente a una humilde familia de agricultores que compatibilizaba sus estudios en la escuela de la aldea por las mañanas y el trabajo en el campo por las tardes.

Ese año se produjo en Malawi una trágica hambruna, tan habitual en el Continente africano. El joven William tuvo que dejar la escuela al no poder pagar sus padres los 80 dólares que costaba la matrícula. Pero el afán del joven por el estudio era tal, a pesar del hambre y el agotamiento, que asistía a la biblioteca de la escuela para, de forma autodidacta, seguir adquiriendo conocimientos. Un día se encontró con un libro de texto en inglés titulado ‘Usando la Energía’.

Sin apenas conocimientos de inglés pero relacionando los dibujos con las palabras, supo lo que eran los molinos de viento, para qué servían y como se construían. Conoció que con molinos de viento se podía generar electricidad -sólo el 2% de los habitantes de Malawi la disfrutan- y bombear agua del pozo hacía las huertas, en vez de agotarse transportándola a mano durante dos horas.

Decidió construir uno. Un adolescente hambriento, sin alfabetización, que vive en un país corrupto azotado por la sequía, el hambre, la pobreza y la enfermedad, decide construir un molino de viento con materiales de desecho encontrados en un vertedero y una chatarrería: el ventilador de un viejo tractor, los restos de una bicicleta, tuberías de plástico viejas, etc.

Wmolino-0ce71

Moving Windmills - The William Kamkwamba Story 3

En pocas semanas terminó de construir su primer y algo estrafalario molino de viento, capaz de iluminar 4 bombillas. Las risas de sus vecinos se convirtieron en admiración. De loco a héroe. Hoy la aldea ha prosperado gracias a los molinos de viento construídos por William Kamkwamba. Él ha podido seguir sus estudios y viajar por el mundo contando su historia, gracias a que su extraordinario logro fue conocido por un periodista que lo dio a conocer.

Fuente

Explicación del Teorema de Pitágoras

teorema-de-pitagoras comprobacionPitágoras estaba con un problema y no conseguía resolverlo. Además no paraba en su casa.
Su esposa, Enusa, se aprovechaba de la situación y copulaba con cuatro paletos del pueblo vecino.
Un dia, Pitágoras, cansado, volvió más temprano a su casa y encontró a Enusa en flagrante acción y mató a los cinco párticipes de la orgía.
A la hora de enterrarlos, en consideración a su esposa, dividió el terreno por la mitad y en un lado enterró a la esposa.El otro lado lo dividió en cuatro partes y enterro a cada pueblerino en un cuadrado igual; de esa forma los cuatro ocuparon un espacio idéntico al que estaba enterrada su esposa.
Subió a la montaña al lado del cementerio para meditar y, mirando desde la cima hacia el cementerio, encontró la solución a su problema.
Era obvio:
El cuadrado de la Puta Enusa era igual a la suma de los cuadrados de los catetos.