Los incívicos peregrinos del Papa en Madrid

Ya están aquí. Miles de peregrinos han tomado Madrid con motivo de la visita del Papa para las JMJ, y nada de cierto hay de las bondades que de ellos nos habían contado. Crecidos por el amparo institucional que les privilegia, han tomado sin contemplaciones la ciudad que se las ha entregado sin tráfico para campar a sus anchas.

Estado aconfesional

Ingenuamente creí en un principio que el fantástico despliegue policial en la capital era, si no para detener nada más pisar tierra al encubridor de pederastas, sí al menos para protegernos a los madrileños de las manadas de jóvenes exaltados que ya han apuñalado a una persona, y otro de cuyos miembros ha sido detenido antes de poder atentar contra los detractores de la llegada de Su Santidad. Craso error. Resulta que los miles de policías están para protegerlos a ellos, seguramente de ellos mismos.

Ayer pudimos vivir en Madrid un momento cumbre de la ceremonia del absurdo en la que se ha convertido la venida de Benedicto XVI, el más insólito fenómeno Papanormal de los vividos hasta el momento. Había convocada  una manifestación laica en protesta por el coste que supone dicha visita, manifestación conocida y autorizada de antemano así como denostada por Ayuntamiento y Comunidad por “ganas de provocar”.

Como estaba previsto, la multitudinaria manifestación llegó a la Puerta del Sol por la calle Carretas, en cuya confluencia se vio frenada por la policía que impidió a los manifestantes acceder a la plaza por estar esta ocupada por un nutrido grupo de jóvenes papistas que, desafiantes y provocadores, les esperaban al grito de “esa manifestación es ilegal”, “esta plaza es del Papa” y algunos insultos respondidos desde el otro lado. En la acera de enfrente, la pancarta que abría la manifestación rezaba: “De mis impuestos al Papa cero y Estado laico ya”, escuchándose  proclamas del tipo: “Menos crucifijos y más trabajo fijo”, “Menos curas y más cultura” o “Menos viajecitos y mas papeo para los negritos”.

Lo indignante es que las fuerzas del orden consintieran una contramanifestación, esta sí, ilegal y con afán provocador, permitiendo a los integristas católicos ocupar el espacio reservado a los legítimos manifestantes, quienes al final, después de dos horas y debido a su mayor número, lograron acceder a Sol, momento en el cual, qué curioso, la policía los desalojó a golpes.

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Mientras eso sucedía, ajenos a ello, miles de peregrinos ocupaban las demás calles del centro de la ciudad en lo que dista mucho de parecerse  a la manifestación de un sentimiento religioso, más bien, es un grupo de fanáticos que esperan la actuación de su ídolo que, en vez de cantar el tema del verano, cantará misa.

Las hordas católicas se muestran maleducadas, te avasallan a su paso con las banderas que portan sin importarles como y donde te golpean; son ruidosas, molestamente ruidosas, cantando, dando palmas, tocando irritantes instrumentos  en cualquier lugar, no importándoles en absoluto molestar, por no comentar los varios escenarios montados en distintos puntos de la ciudad con música enlatada o en directo para entretenerles. También son guarros, muy guarros; las calles están llenas de basura, ensucian a su paso más de lo que las brigadas de limpieza dan abasto, eso que están trabajando en mayor número de lo normal. Comen y beben en la calle, sentados incluso en  las aceras dificultando el paso a los peatones, en una especie de botellón católico, prohibido para los demás.

Y lo peor de todo, en contra de la mentira que nos han contado de los beneficios económicos que van a dejar, es que han echado a madrileños y turistas del centro, los que realmente consumen, realizan compras en comercios ahora más vacios, comen, tapean y cenan en restaurantes, los que llenan las múltiples terrazas, ahora semivacías a pesar de la cantidad de gente que llena las calles, por otra parte en no mayor medida de lo que lo están habitualmente.

Para finalizar, estas chicas y chicos no parecen ser en absoluto, según apreciación subjetiva, ni puros, ni castos, ni desde luego, virtuosos –de virtud, no de habilidad-. Sin duda estos pecan contra cualquiera de los mandamientos, pero el sexto, seguro que se lo saltan a la torera , como por otra parte cabía esperar si, como dicen, ellos son parte de la Iglesia.

JMJ-licor

Benedicto XVI ya está en la capital, y ya que no se va a morir de hambre, quién sabe, a lo mejor se cumple el dicho: de Madrid al cielo.