Adiós, Princesa. El aborto de Letizia

David Rocasolano ha publicado Adiós, Princesa (Editorial FOCA). Una venganza contra su prima y otrora íntima amiga, la experiodista Letizia Ortiz, actual princesa de Asturias por mor de su matrimonio con el príncipe Felipe. A ella y a la familia en la que se ha integrado culpa el autor de la desintegración de la suya.

Si en un país poco aficionado a la lectura, se añaden las presiones de la Casa Real para evitar la publicación del libro, la negativa de los grandes medios de comunicación a darle publicidad y el boicot de las grandes cadenas de distribución, Adiós, Princesa, llegará a un público reducido. Y es una lástima, porque merece la pena leerlo.

5203 Adiós Princesa.indd

David Rocasolano, abogado, primo, amigo y asesor legal de Letizia hasta hace pocos años, nos descubre la evolución de ésta desde sus años de estudiante de periodismo hasta la princesa que hoy es. Y no sale bien parada. Ni los Borbones, especialmente el rey. Ni la prensa.

El primer y último capítulo del libro son sendas bombas contra la princesa. En primer lugar, el autor nos descubre que Letizia abortó voluntariamente en una conocida clínica madrileña al quedarse embarazada de su entonces pareja y compañero de cadena televisiva, sin que éste se enterara, ni del embarazo ni de la interrupción del mismo. Un año antes de casarse, Felipe y Letizia encargan al propio David Rocasolano que elimine toda prueba y rastro de esa intervención. De conocerse el aborto de Letizia, la boda nunca se habría celebrado. La oposición desde un principio de los reyes al enlace, salvada por la amenaza de renuncia del príncipe a sus derechos sucesorios, hubiera sido insalvable.

Por otro lado, estaría la Iglesia. Nunca podría haber casado a una abortista, antes al contrario, debería haberla excomulgado. Motivo por el cual el matrimonio de cuento de hadas podría o debería ser declarado nulo.

El último capítulo del  libro se refiere al suicidio de Érika, hermana de la princesa. Da a conoccer la desgarradora escena vivida en el interior de la iglesia en la que se celebraba la misa de cuerpo presente antes del entierro, protagonizada por Antonio Vigo, expareja de la fallecida y padre de su hija, cuando dirigiéndose al rey grita: ¡Vosotros! ¡Vosotros tenéis la culpa! ¡Tú tienes la culpa, hijo de puta! ¡Vosotros la habéis matado! Momentos después, a la salida, Letizia se arrollidó ante el rey.

Después, Letizia pretendió ilegítimamente la custodia de la hija de Érica, legal y legítimamente en manos de su padre.

Entre medias, la transformación experimentada por una joven republicana y agnóstica a la que besó un príncipe y la convirtió en princesa.

Del rey, el primo plebeyo dice:

Aquellas cenas eran bastante tediosas, insisto, razón por la que yo intentaba siempre sacarles algún provecho estudiando los comportamientos de nuestra realeza. Mi personaje preferido siempre era el rey. A medida que fueron pasando los meses, aquella simpatía que nos mostraba al principio se fue diluyendo. En las reuniones, muchas veces se mostraba silencioso y huraño. Cuando se celebraba el cumpleaños de alguno de sus nietos, aparecía durante un rato para hacerse las fotos ante la prensa. Pero, en cuanto los periodistas se largaban, el rey borraba la sonrisa y se esfumaba sin despedirse de nadie. Sofía es diferente. Su trato con nosotros, los plebeyos, es mucho más cercano que el de su marido. Sofía es próxima, atenta a todos los detalles. Conoce el nombre de tus hijos, su edad, tu trabajo… Quizá sea una pose. A mí no me lo parece. Tal vez la diferencia estribe en que ella no gozó, como él, de una infancia y una juventud fáciles. Para quien no conozca la historia, la reina sufrió dos exilios. El primero, de muy niña, durante la invasión alemana a Grecia en la Segunda Guerra Mundial. El segundo en el 67, cuando la monarquía griega fue definitivamente derrocada. Sofía ha pasado hambre, ha vivido en ruinas y rodeada de ratas, ha servido como enfermera durante la guerra civil de su país. No se crió, como Juan Carlos, entre martinis blancos en Estoril y preceptores elegidos por Franco. Y eso se nota. Como a Juan Carlos se le nota lo contrario. El rey no respeta nada ni a nadie. Vive para mayor gloria de su propia persona…..

…..En las numerosas ocasiones en las que los he observado, jamás he visto de Juan Carlos un gesto de cariño o afecto hacia su hijo. Ni hacia nadie. Juan Carlos trata a todo el mundo por igual, no debe ser clasista, con una indiferencia y un desdén tan palpables que impresionan. Como si estuviera por encima del bien, del mal y de nosotros. Como una deidad a un insecto. Da la impresión de que se ha creído su papel, de que ha interiorizado que es un ser superior que merece el vasallaje, y va por la vida luciendo una displicencia absoluta, un desinterés indisimulado hacia todo lo que no sea él….

En España se dice mucho que, más que monárquicos, somos juancarlistas. Se nota que no conocen personalmente a Juan Carlos. Felipe es una persona mucho más inteligente, mucho más formada y con mucha más humanidad y humildad que su padre. Quizá, como Juan Carlos lo sabe, no le permite demasiados gestos espontáneos en público. Como si temiera que su hijo le robara el protagonismo….

….En España se dice mucho que, más que monárquicos, somos juancarlistas. Se nota que no conocen personalmente a Juan Carlos. Felipe es una persona mucho más inteligente, mucho más formada y con mucha más humanidad y humildad que su padre. Quizá, como Juan Carlos lo sabe, no le permite demasiados gestos espontáneos en público. Como si temiera que su hijo le robara el protagonismo.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.