La Isla Basura del Pacífico

Los expertos calculan que hay tres millones de toneladas de plástico girando a ambos lados del archipiélago de Hawai, un monstruo pegajoso que se extiende a lo largo de 13 millones de kilómetros cuadrados, unas 36 veces el tamaño de España.

La corriente giratoria del Pacífico conduce la basura desde la desembocadura de los ríos hasta el mar abierto, donde viaja durante varios años hasta alcanzar el corazón del océano. La masa está compuesta por objetos procedentes de Japón, China, EEUU y Canadá, fragmentos de plástico que el mar es incapaz de deshacer y que pueden seguir flotando durante cientos de años.

Según datos de Greenpeace, de los 100 millones de toneladas de plástico que se producen cada año en el mundo, un diez por ciento tiene su destino final en los mares. El programa para el Medio Ambiente de Naciones Unidas estima que más de un millón de aves y unos 100.000 mamíferos marinos como ballenas, delfines y focas, están muriendo cada año como consecuencia de la contaminación marina.

Bolsas, botellas, lavadoras, carcasas de ordenadores, televisores, redes y multitud de objetos flotan a la deriva constituyendo una auténtica trampa para miles de animales.

Los objetos más pequeños se están mezclando con el plancton y han entrado en la cadena alimenticia. En algunas zonas hay más cantidad de plástico que de plancton en una proporción de 48 a 1.

El objeto “más dañino” del mar tiene apenas unos milímetros de diámetro. Se trata de las pelotitas de plástico (en inglés, nurdles), que la industria utiliza como materia prima para fundir y crear nuevos objetos.

Estas bolitas, también conocidas como “lágrimas de sirena”, se cuentan por millones en muchas zonas del mar y son ingeridas por miles de animales, que las confunden con huevas de pez. Su alto contenido tóxico,  constituye el mayor riesgo para la salud humana en este momento.

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