Desahuciado sin deudas y a traición

12-10-29-nidoManuel, un jubilado malacitano, salió de su casa, en la que vive de alquiler desde hace tres años y paga religiosamente los 600€ de alquiler estipulados, a dar un paseo a las 10 de la mañana. Alas 13h, de vuelta a casa, se encuentra que no puede entrar, una comisión judicial había cambiado la cerradura y dejado una nota pegada en la puerta: había sido desahuciado; se quedaba sin casa, sin dinero, sin documentación, sin más ropa que la puesta y hasta sin coche, porque las llaves estaban en el interior de la vivienda . El motivo, las deudas que su casero mantiene con una entidad bancaria.

La comisión judicial, aun comprobando que la vivienda estaba ocupada, ejecutó el lanzamiento y cambió la cerradura sin hacer más comprobaciones. De hecho, en el documento que dejó en la puerta se hacía constar que la casa “al parecer” estaba ocupada puesto que una vez descerrajada la cerradura había comprobado que existían enseres personales en el interior. Pese a todo, nadie se ocupó por localizar al residente ni de tener en cuenta qué derechos podía hacer valer. Simplemente, en el papel pegado en la pared figuraba el número del juzgado (Primera Instancia número 7) y el nombre y teléfono del procurador.

Esto supera todos los límites de lo imaginable y permisible, es una violación de la intimidad, del domicilio, de los derechos del ciudadano y de la legalidad, un atropello posible por la ilegítima actuación conjunta de los tres poderes del Estado al servicio del lobby bancario.

El Banco Popular, instigador del desahucio, a los dos días del mismo, le propuso dejarle vivir durante un mes y medio en el domicilio, su domicilio, tiempo para que se busque otra vivienda. “Es un acuerdo que he firmado y que acato, pero es el acuerdo que firma alguien desde la indefensión, presionado porque no tiene donde vivir”.

Desahuciado a traición y sin tener deuda alguna. Todo un sinsentido.

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