Ana Botella, Dimisión

Ana Botella, dimisión ya. No puede, no debe permanecer en el cargo ni un minuto más. Pero estamos en España, un país donde la gente preparada está infravalorada o tiene que emigrar a Alemania, y los incompetentes son consejeros de Cajas de Ahorros, ministros o alcaldes.

Ante la tragedia del Madrid Arena que ha costado la vida a cuatro jóvenes por la codicia de un empresario sin escrúpulos apoyado por un Ayuntamiento corrupto, la única solución que se le ocurre a la alcaldesa, además de irse a un Spa de lujo en plena crisis, es postrarse ante la Virgen y pedirle misecordia para las familias de las fallecidas. No, estúpida. Hay que pedir justicia.

La Virgen tampoco va a restablecer la salud, como así se lo ha encomendado la alcaldesa, de la chica que permanece ingresada grave en un Hospital público de la capital. Si, y ojalá sea así, la joven se recupera, será gracias a la atención recibida por parte del personal sanitario del centro. No, estúpida. La Virgen y todos los santos no van a sustituir a la sanidad pública.

Ana Botella, dimisión. No tiene legitimidad democrática para el cargo que okupa, tampoco tiene la capacitación necesaria para desempeñar la función y, por último, has demostrado no tener vergüenza.

Dime con quien andas y te diré quién eres. Tu marido tiene en su haber 191 muertos; tú ya tienes cuatro.

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