Fenómenos Papanormales

Cuando un concepto claro y perfectamente definido no se entiende, hay que insistir machaconamente en él para que sea comprendido y asumido.

Hay que repetir hasta la saciedad que España es un Estado aconfesional y laico, por lo que resulta desde todo punto intolerable que privilegie y financie una confesión religiosa, la Iglesia Católica, que mina las bases sobre las que se asienta dicho Estado, le declara abiertamente la guerra y pretende someterlo. Una Iglesia clasista, homófoba, misógina y nido de pederastas.

La que fuera reserva espiritual de Occidente, hoy es más culta, por tanto más laica. Cada vez menos bodas, bautismos, comuniones, fieles en los templos, alumnos de religión, son fiel reflejo del avance cultural y social de nuestra sociedad a la que ya no amedrenta la Iglesia, cuyo mensaje tiene progresivamente menor calado.

A nivel político e institucional la realidad es otra, como dice el refrán: las cosas de Palacio van despacio.

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Así, en los días previos a la patrocinada visita de El Papa a Madrid para las JMJ asistimos a una estremecedora sucesión de fenómenos Papanormales, presagio de la que se avecina.

Los poderes públicos no contentos con promover y financiar la visita del Papa, coartan la legítima libertad del resto de los ciudadanos prohibiendo una manifestación atea –como ya ocurrió en Semana Santa– por considerarla una provocación que podría alterar el orden público. Pero quienes son en este asunto los provocadores? Los que en plena crisis económica, de reducción de gastos públicos, entregan el dinero que quitan de prestaciones sociales para una kermés religiosa, o los que protestan por ello?

Pero van más lejos, la Comunidad de Madrid pide al Gobierno que controle y reprima el Movimiento 15-M –democrático y pacífico- de los indignados, a los que consideran antisistema y violentos con el afán de reventar las Jornadas Mundiales de la Juventud. Mientras los papistas o papaflautas lanzan a Benedicto XVI rollos de papel higiénico comercializados al efecto, quieren a los perroflautas encerrados y si no, apaleados y amordazados.

El Ayuntamiento de Madrid, rendido a Su Santidad (¿?), se da un fenómeno Papanormal inexplicable:  ejerce en los ordenadores de las  bibliotecas públicas municipales la censura pura y dura, al impedir el acceso a cualquier página relacionada con el Movimiento 15-M: “acceso denegado por política de contenidos. Usted está intentando acceder a contenidos no permitidos”.

confesionarios de diseño

Cuando se discute la legitimidad de los indignados para ocupar espacios públicos, la visita de El Papa nos va a proporcionar en este sentido unas grotescas imágenes propias de Carnaval. Sublime va ser la de la ceremonia de la confesión en El Retiro, donde se encuentra la única estatua del mundo dedicada al ángel caído. El parque madrileño va a ser el escenario de una insólita procesión de pecadores en busca de confesión y perdón de sus pecados, lo que conseguirán en los 200 confesionarios de diseño colocados al efecto en el paseo de coches.

Rouco Varela calienta el ambiente y considera que la mayoría de la juventud española presenta  “una experiencia religiosa, moral y ética bajo mínimos“. Por otra parte pide a los fieles que recen para que no haga demasiado calor. Como los antiguos brujos de las tribus indias norteamericanas, en ceremonias sagradas rogaban a Manitú por el agua bailando la danza de la lluvia pintarrajeados y adornados con abalorios, pero Rouco con casullas bordadas en oro.

Visita del Papa

El sindicato UGT ha convocado paros en el Metro de Madrid en plena visita papal por incumplimiento de la subida salarial del convenio colectivo y por pagar pluses de modo arbitrario para reforzar el servicio durante las JMJ.

El obispo de León –quién es este tío para entrometerse en un conflicto laboral- pide a los sindicatos que recapaciten por la muy mala impresión que se dará al mundo y la Comunidad de Madrid, con o sin huelga, va a reforzar el servicio de Metro entre un 40-60% para atender el movimiento de peregrinos. La misma Comunidad de Madrid que acaba de subir el precio del billete de metro y autobús en un 50% (de 1 a 1,5€); la misma que ha reducido el precio del abono turístico para los asistentes a las JMJ de 24 a 4€ el de tres días, y de 50 a 10€ el de una semana, algo sin precedentes y discriminatorio para los madrileños y los verdaderos turistas que nos visitan.

Benedicto XVI, en vez de presentarse en el cuerno de África donde viven una situación de hambre extrema y darnos una lección práctica de su religión, se viene a Madrid a todo lujo. No hay Dios que lo entienda.

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