El vagabundo con voz de “oro”

Ted Williams de 53 años es (era) un indigente, un “sintecho”, al que un golpe de suerte e Internet le han cambiado (otra vez) la vida. Este hombre, hace veinte años, era un locutor de radio al que las drogas y el alcohol le hicieron perder el trabajo, renegar de su madre y  abandonar a su mujer con 4 hijas, convirtiéndose en un delincuente callejero, un mendigo que vivía en la calle, dotado de una  prodigiosa voz.

En Columbus -Ohio, EE.UU- Ted pedía limosna en un semáforo con un cartel que rezaba: “Soy indigente y mi voz es un regalo de Dios. Soy un ex presentador de radio que que cayó en un período muy duro en la vida. Por favor, agradeceré cualquier ayuda. Dios le bendiga”. Regularmente, un empleado de la empresa Columbus Dispatch le daba limosna y, un día, le grabó en vídeo y lo subió a youtube. Y el milagro se produjo: millones de visitas, fama y lluvia de ofertas de trabajo. En pocos días, ha grabado mensajes publicitarios para Kraft, le ha contratado la cadena MSNBC para una campaña publicitaria, tiene ofertas de emisoras de radio, de la Liga Nacional de Fútbol Americano (NFL), del equipo de baloncesto Cleveland Cavaliers y, hasta Jack Nicholson le ha ofrecido un papel en una próxima película.

Sinceramente, me alegro. Pero me pregunto: si Ted Williams se hubiera presentado antes, con su cartón y su fantástica voz, a cada uno de los que ahora se lo disputan, ¿le habrían contratado?, ¿acaso le habrían recibido?. Intuyo la respuesta, aunque nunca lo sabremos. Lo cierto es que un hombre goza con todo derecho de otra oportunidad en la vida.

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